En plena canícula, SEVILLA NECESITA SOMBRA (I)

Desde este blog siempre he insistido en la falta de sombra de nuestras calles. Esta falta de sombra es una costumbra que podemos hacer extensible no solo a pueblos de la provincia de Sevilla, sino a otras provincias españolas cuyo verano es igualmente duro.

He comprobado durante años que el árbol es el último elemento en el que se piensa cuando se acomete la urbanizacióm (o reurbanización) de una calle. La mala planificación a la hora de urbanizar calles en nuestros pueblos y ciudades conlleva que muchas de estas calles no tengan arbolado, gran error que no debe cometerse en nuestro país, pues recordemos que las altas temperaturas veraniegas hacen la vida imposible en las calles cuando la sombra brilla por su ausencia.

Nefasta planificación de una calle en Sevilla (Fuente: Google Maps)

Calle con árboles y aceras anchas (Fuente: Google Maps)

La experiencia me ha demostrado que lo primero en lo que se piensa cuando se diseña una calle es en los coches. Sí, primero se piensa en la calzada por donde circularán los vehículos y se diseña este espacio. Posteriormente, y siguiendo con la importancia que se le da a los coches, se piensa en el aparcamiento, cuantos más coches quepan aparcados, mejor, aunque se sepa que en algunas ocasiones nadie aparcará su vehículo en ese espacio reservado.

Por último, se decide el diseño del espacio para el peatón, que muchas veces simplemente consiste en una acera estrecha por la que apenas caben dos personas a lo ancho, una acera incómoda para transitar y SIN SOMBRA. “¿Dónde están los árboles?”, pensará algún infeliz peatón cuando en pleno mes de Julio reciba los abrasadores rayos de sol. NO HAY, el técnico del ayuntamiento no ha pensado en ellos, pues lo prioritario es que haya espacio suficiente para que los coches circulen, puedan aparcar y, si acaso, para que los peatones puedan circular por la aceras, no demasiado cómodas eso sí. El técnico de turno también habrá pensado en el mantenimiento que requiere plantar árboles (habrá que regarlo para que crezca, habrá que podarlo para que “no moleste”, “dará bichos a los vecinos”…).

Esto que comento lo podéis observar en la primera foto de más arriba. Se trata de una amplia calle, Francisco de Ariño en Sevilla. Si analizamos la toma de Google Street View, el mayor espacio lo ocupa una calzada de doble sentio. Este espacio es, además, suficiente para que se posibilite el aparcamiento en doble fila, con lo cual la calzada es más ancha de lo que debería. A ello sumamos que los aparcamientos son en batería, para que así aparquen el mayor número de vehículos posible. Finalmente, el pequeño espacio sobrante es para una ridícula acera por la que apenas pueden pasar dos personas al mismo tiempo en ambos sentidos. Por supuesto, ni un solo alcorque para los árboles, que podrían situarse en el espacio de aparcamiento o en la misma acera si ésta se ensanchara.

Un ejemplo totalmente contrario lo tenemos muy cerca de allí, en la calle Esperanza de la Trinidad. Como apreciamos en la segunda foto tomada de Google Stree View, se trata de una calle de una anchura similar a la anterior (unos 20 metros) en donde sí se ha tenido en cuenta la inclusión de arbolado a la hora de diseñar el espacio. La calzada ocupa un espacio menor, lo cual impide la segunda fila (a menos que se quiera estorbar a alguno de los sentidos del tráfico), y las aceras son más anchas, más cómodas para el peatón y sombreadas, algo que se agradece en verano. Además, los árboles son de hoja caduca (plátanos) de tal forma que el sol ilumina la calle en los meses más fríos. Es evidente que no es lo mismo abrir una ventana durante una noche de verano en la primera calle que en la segunda. En la primera calle hasta a altas horas de la madrugada se seguirá desprendiendo calor de toda la calle que ha sido “horneada” durante horas y horas por la falta de sombra.

Estos dos ejemplos aportados demuestran que las cosas se pueden hacer bien cuando el diseño es el adecuado, es decir, cuando se quiere diseñar de forma adecuada. Sin embargo, en nuestra cultura el árbol es lo menos importante en las calles y por regla general abunda el primer ejemplo de calle. ¿Alguien se acuerda del árbol cuando los rayos del sol nos achicharran en verano? Pues en pleno siglo XXI la regla sigue siendo “el máximo espacio para que los coches circulen y aparquen, el mínimo para que las personas paseen y ninguno para los árboles, que cuestan dinero y solo dan problemas.” Esa es la mentalidad de nuestra cultura urbana.

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