El uso abusivo de la washingtonia

En los últimos años hemos podido comprobar cómo se han plantado de forma abundante las washingtonias, unas palmeras de origen californiano y que muchos podemos relacionarlas con imágenes de películas de Los Ángeles o de famosas playas de California.

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Washingtonias en una de las entradas a Tomares

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Washingtonias en una de las entradas a Gines

Todos conocemos nuestro clima, todos hemos sufrido el infierno que supone un día de Julio a las 4 de la tarde bajo el sol del verano, cuando sin más remedio tenemos que pasar por una calle o avenida donde la sombra brilla por su ausencia.

En los últimos años hemos presenciado la plantación de estas palmeras en cualquier pueblo, raro es el municipio que no tenga washingtonia en alguna de sus calles o avenidas o en alguna rotonda. Montones de pueblos se han apuntado a la moda de plantar washingtonias en sus entradas, como si éstas aportaran el carácter señorial o el toque de moda del momento, al estilo de Los Ángeles. Sin embargo, nunca se ha pensado en una necesidad importante en nuestro clima: la sombra.

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Washingtonias en una rotonda de Castilleja de la Cuesta

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Washingtonias en una de las entradas a Las Cabezas de San Juan

Una alineación de árboles debe cumplir dos condiciones básicas: debe aportar un carácter ornamental y debe ser funcional, es decir, que tiene que aportar belleza al entorno, pero también tiene que ser de utilidad. Por tanto, en grandes calles o en avenidas debería cumplirse que las alineaciones de árboles aporten cierta belleza al entorno (hay que jugar con los colores, follaje, porte, etc. de las diferentes especies de árboles que podrían plantarse), pero además, que sean útiles a la población, es decir, que aporten SOMBRA.

Pues bien, a pesar de estas condiciones tan básicas, se ha abusado y se sigue abusando de las washingtonias, palmeras que pueden ser muy elegantes sí, pero que pocos beneficios aportan a los ciudadanos que huyen del sol del verano y que buscan, sin encontrarla, una sombra donde cobijarse. Nuestra zona es una de las más calurosas de Europa, sin embargo, no plantamos árboles de gran porte que ensombrezcan nuestras calles, que ayuden a amortiguar la temperatura de nuestras ciudades y pueblos, que mejoren la calidad del aire o que refresquen las noches calurosas del verano. Hemos abusado de las palmeras, que pocos beneficios nos aportan a los ciudadanos, pero que tan “guays” quedan a la entrada de un pueblo o en una rotonda, como si de Los Ángeles se tratara.

Para terminar, daremos un dato sorprendente, realista y objetivo. Según fuentes del Ayuntamiento de Sevilla, una washingtonia puede costar entre 300 y 600 euros, sin embargo, un árbol de sombra, como puede ser el plátano (Platanus sp.) o el paraíso (Melia sp.), no llega a los 100 euros, como puede comprobarse en las tablas que se adjuntan.

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Llegados a este punto nos preguntamos, ¿por qué el abuso de las washingtonias si además de no dar sombra ni aportar grandes beneficios ambientales cuestan entre 3 y 6 veces más que un árbol de sombra? ¿cuál es la explicación? Pues ahí dejamos el interrogante, uno más de tantos ya. ¡Pero con lo bonita que es una avenida de grandes árboles!

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Bulevar de washingtonias en Almensilla, donde la falta de sombra no invita a pasear o a sentarse en los bancos

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Bulevar del Tamarguillo sombreado por paraísos

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Bulevar de washingtonias en Bollullos de la Mitación, donde la falta de sombra no invita a pasear o a sentarse en los bancos

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Alineación de plátanos en el parque de María Luisa

Fotos: Google Maps

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