Biblioteca del Prado: vuelta a lo de antes

Estos días hemos podido leer en la prensa de la ciudad la idea de rediseñar la zona de jardín que ahora ocupa la estructura de la fallida biblioteca. Pues bien, para el diseño de la zona, o rediseño, se ha pensado en realizar algunas mejoras que solucionen los problemas del diseño original, problemas que, por desgracia, se extienden por toda la superficie de los jardines y que solo van a ser solucionados en el 10% del área total, esto es la que ocupa las obras de la biblioteca.

A falta de más detalles técnicos, a priori no podemos detallar cuáles serán las soluciones que se están eligiendo. Pero sí podemos identificar a continuación algunos problemas de los actuales jardines y que esperamos que sean resueltos.

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1) Muy pocas especies de árboles

La especie arbórea que domina en el parque es la Tupuana tipu, coloquialmente conocida como tipuana. Normalmente en el diseño de un jardín se juega con varias especies de árboles que combinen diferentes colores de follaje, formas, flores, alturas, tamaños, etc., así como árboles de hoja caduca y perenne que aporten mucha sombra en verano pero espacios soleados y agradables en otoño e invierno con la caída de las hojas de los árboles caducos.

¿Qué ha pasado en los Jardines del Prado?, pues que la calidad del diseño de éstos deja mucho que desear, puesto que no se ha atendido a un diseño planificado, sino más bien a cubrir todo el espacio con la misma especie de árbol, que es la tipuana. Sí es cierto que en zonas puntuales se han plantado laureles de Indias (el famoso ficus que podemos apreciar por ejemplo en el restaurante La Raza junto a la estatua del Cid), así como algunas hileras de las tan usadas washingtonias o naranjos, sin embargo la mayor parte de los árboles son tipuanas. ¿Esto qué conlleva?, pues un diseño monótono de los jardines y una oscuridad muy grande durante los meses más fríos de otoño e invierno, cuando por la falta de espacios soleados, se hace poco agradable el paseo por los Jardines del Prado.

2) Alta densidad de árboles

Por todos es sabido que los árboles necesitan de espacio para crecer. Evidentemente, cuanto más desarrollo tenga la especie de árbol a plantar, mayor espacio debe disponer para su desarrollo y mayor espacio ha de haber en la plantación de los árboles.

¿Qué ha pasado en los jardines del Prado?, pues que los árboles se plantaron muy cercanos unos de otros, lo que conlleva a un bajo desarrollo de los pies arbóreos y con ello se favorece que éstos no crezcan vigorosos, enfermen fácilmente, peligrando el viandante por la caída de ramas. Además, a esto podemos sumar el gasto de dinero que conlleva la plantación de mayor número de árboles, pues casi podríamos habernos ahorrado la mitad de los pies plantados.

Llegados a este punto uno podría pensar “cuantos más árboles, mejor para un parque, más beneficios ambientales produce el parque (mayor absorción de contaminantes, mayor humedad, más sombra…)”. Sin embargo puede afirmarse que, a igualdad de superficie, un número bajo de árboles de la misma especie, estando éstos suficientemente separados para que puedan desarrollar sus copas sin apenas tocarse, puede llegar a tener un volumen de copa total mayor que el volumen de copa total que pueda aportar un mayor número de árboles de esa misma especie y cuyas copas no hayan podido desarrollarse por encontrase muy pegadas. Es decir, que si los árboles de los jardines se hubieran plantado al doble de distancia de la que están actualmente, el volumen de copa total hubiera sido mayor que el actual y, por ende, tendríamos mayor absorción de contaminantes y mayores efectos ambientales positivos, los árboles tendrían un desarrollo mucho mayor, con unos tamaños mucho más grandes y vistosos y, además, se trataría de árboles más vigorosos y sanos que los actuales.

3) Plantación de arbustos que favorecen espacios muertos

En el diseño de un jardín no solo hay que tener en cuenta la plantación de árboles, sino también el estrato inferior, es decir, los arbustos y las matas. Uno de los problemas de los jardines del Prado es no distribuir bien los arbustos, dejando zonas muy densas y oscuras que son poco transitadas, lo que tan solo provoca que por allí se asienten indigentes o bien personas con fines no muy positivos para el paseante.

4) Transplante de árboles

Este es uno de los problemas que nos gustaría añadir, pues es una idea que se está barajando para recuperar el espacio que ahora ocupa la estructura de la biblioteca. Hace 5 años aproximadamente se trasplantaron los árboles que ocupaban el espacio donde posteriormente se construyó la estructura de la biblioteca.

El trasplante de árboles se realiza generalmente cuando los árboles que ocupan un determinado terreno afectado por unas obras tienen un valor excepcional, ya sea por su gran tamaño, por lo raro de la especie, por su edad, etc., es decir, porque sea un árbol singular (características que no cumplían los árboles trasplantados). La mayor parte de los árboles que se trasplantaron fueron tipuanas, salvo algún ejemplar de ficus, algunos naranjos y alguna que otra especie más. Cuando un árbol va a ser trasplantado, éste debe someterse a una poda exhaustiva para equlibrar la pérdida de raíces que conlleva la extración del árbol de la tierra donde ha crecido. Cualquier poda drástica que se ejecuta en un árbol es una situación estresante para él, y por ello, el árbol debe luchar por sobrevivir, lo que puede debilitarlo (algo que pasa con todos los plátanos que han sido drásticamente podados en nuestras calles todos los años).

Hace 5 años estos árboles lucharon por sobrevivir tras un trasplante, luchando por desarrollar las raíces y las ramas que perdieron en este proceso, además de adaptarse a un nuevo espacio donde debían crecer. ¿Es recomendable volverlos a trasplantar?, pues es evidente que no, y no solo porque se volverían a poner en una situación muy comprometida para estas plantas, algunas de las cuales ya no sobrevivirían, sino el gasto tan grande de dinero que ésto conlleva, así como el hecho de que los espacios donde estas plantas están ya asentadas dejan de tenerlas

Ante todo lo escrito, ¿qué sería lo más razonable? Pues la respuesta es sencilla: plantar árboles nuevos. De esta manera evitaríamos que las zonas donde ya están establecidas las plantas queden sin ellas, que muchas de las plantas que se trasplanten mueran y , además, nos ahorramos mucho dinero en el proceso de trasplante. Hay que tener en cuenta que la mayoría de las especies son baratas en los viveros y tienen un crecimiento muy rápido, como es el caso de las tipuanas o los ficus.

Claro está que el hecho de trasplantar es un hecho simbólico que puede beneficiar mucho a algunos, pues parece “el triunfo de la mentalidad verde sobre la destrucción de unos jardines”. Costará mucho dinero, no tendrá mucho sentido, muchas plantas morirán, pero el hecho simbólico de que regresen a su lugar de origen las plantas originales beneficiará mucho, no al parque o a las plantas, ni a la ciudad tampoco, sino más bien a un grupo de ciudadanos, o incluso grupo de políticos, que son movidos más bien por otros intereses.

Por todo ello, añadir que lo deseable del redideño de esta pequeña zona sería la mejora, como ya hemos planteado, de los jardines originales: mayor especies de árboles que combinar (añadiendo especies de hoja caduca), menor densidad de plantación para favorecer el crecimiento y desarrollo de árboles vigorosos y sanos (y que especies que se encuentran bajo los grandes árboles, como los naranjos, tengan luz para crecer), una adecuada distribución de las especies de arbustos y, por último, especies nuevas de vivero, no trasplantadas, puesto que solo puede conllevar especies estresadas que más tarde o temprano pueden dar problemas, además de exigir una gran cantidad de dinero a invertir en este proceso.

Ojalá todo lo que tiene que ver con el verde de nuestra ciudad tuviera tanta repercusión como en el caso de la biblioteca. Tanto esfuerzo por querer recuperar un 10% de la superficie del parque, que hasta se plantea invertir un dineral en trasplantar por segunda vez plantas de escaso valor. Sin embargo seguimos viendo por toda la ciudad calles llenas de alcorques vacíos, alcorques tapados con cemento, calles nuevas recién reurbanizadas con amplias aceras sin un solo alcorque (calle San Lucía), avenidas sin sombra, avenidas con naranjos en lugar de árboles de gran porte, parques abandonados, mutilación de árboles en las calles (calles Palos de la Frontera, plaza de San Lorenzo, calle San Jacinto, etc.)… y sin embargo, poco o nada se habla de ello. Así es Sevilla…

Foto: Blog Cultura de Sevilla.

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